El psicoanálisis habla de cosas simples y radicales: el placer, el amor, la muerte. Habla de ellas dándoles una dimensión que se ha tornado irreversible en nuestra cultura: la del inconsciente. Allí está su porvenir. Pero, ¿cuál es su apuesta real hoy en día? ¿No sería la de darle razón a la locura? No estamos locos por un puro sin-sentido sino por una razón de lenguaje. Entonces, es de este desorden que puede venir a lo racional un soplo de verdad. Por un lado, el psicoanálisis no puede más que reconocer los impasses más crueles en los que la ciencia sumerge a la sociedad. Por otro lado, los desórdenes del sujeto no son necesariamente subsumibles en una racionalidad de conjunto. ¿Qué relaciones se pueden establecer entre estos desórdenes y estos impasses? Los operadores del psicoanálisis tienen que ver, a la vez, con lo discontinuo y con el ensamblaje. De allí estos clins, en términos de marina: disposición de los maderos que, superponiéndose, forman el borde de una embarcación. Pero también: acto de inclinar, inclinación de la cabeza o de la voluntad, donde el ojo gira en el instante, incluso en el filo de la decisión de amor.
Frunce (Prólogo a la edición en castellano)
Preámbulo
Umbrales
Prohibido
Azar / Deseo
Comillas
Trans
Estrato
Ultra
Caminar