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| 6 cuotas de $8.562,98 | Total $51.377,92 |
| 3 cuotas de $15.710,16 | Total $47.130,48 | |
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Se ha afirmado que el renovador interés por el concepto freudiano del narcisismo constituye uno de los desarrollos más fecundos del psicoanálisis contemporáneo. Y en este libro alcanza evidencia plena la relación entre narcisismo e ideal del yo. Una vez que se ha distinguido entre ideal del yo y superyó, se vuelve posible comprender muchas cosas que permanecían oscuras en la teoría psicoanalítica. El narcisismo es el estado de plenitud arcaica en que el yo hace las veces de su propio ideal, conforme a la formulación de Chasseguet-Smirgel, y el ideal del yo es el heredero del narcisismo primario, a saber, el heredero de la ilusión infantil de omnipotencia y de los sentimientos de dicha asociados a ella. La separación de la madre perturba la autoestima porque obliga al niño a hacerse cargo de su propia debilidad e independencia: la distancia entre el yo y el ideal del yo, que durante el resto de nuestra vida nos esforzaremos en salvar. El recuerdo del contento y la grandiosidad primordiales persiste en la forma de una concepción ideal de la persona, el ideal del yo, con arreglo al cual procura modelarse el yo en su desarrollo. La evolución humana brota de la nostalgia de un paraíso perdido: todos nosotros estamos siempre «en busca del tiempo perdido».
Esta inextinguible añoranza de cierto ideal de felicidad inalcanzable (la «enfermedad de idealidad») es la base de los logros humanos más excelsos así como de las formas más degradadas de la locura. La pasión erótica idealizada, el arte y la religión, según Chasseguet-Smirgel, contribuyeron a reemplazar la ilusión original de fusión perfecta con experiencias que recuperan algo de su embeleso pero reconocen la alteridad así como las imperfecciones de los objetos. Aceptar las limitaciones del compañero, esa indulgencia que distingue a la ternura, he ahí lo que diferencia una pasión madura y sensual de la idealización del amor tan característica de la adolescencia. En el arte, la representación deuna belleza con defectos nos conmueve aun más profundamente que las imágenes idealizadas que nos presentan la publicidad y la cultura de masas. Del mismo modo, la insistencia en los obstáculos para la salvación es lo que distingue a la religión, en sentido estricto, del misticismo o de los cultos contemporáneos de Jesús, que «esfuman el rostro del padre y de esta manera franquean la línea que separa la religión del misticismo. El reino absoluto del hijo implica, por su contenido latente, la unión con la madre», a saber: una unión que no reconoce impedimentos para su consumación, en la forma de prohibiciones paternas o aun de una presencia del padre.
La desmentida de estos obstáculos es lo que define el atajo del Nirvana, la vía de las ilusiones. Chasseguet-Smirgel inicia su estudio del ideal del yo con el de la perversión sexual porque es en ella donde el mecanismo psíquico de esa desmentida se muestra con más evidencia y deja ver con más nitidez su origen narcisista. La perversión es una estrategia para mantener las ilusiones narcisistas.
Estamos ante una gran monografía: insoslayable para el especialista, por su rigor conceptual, iluminadora para el clínico, por su análisis de las perversiones y ciertas afecciones psíquicas hoy difundidas, y sugerente para el lector no psicoanalista que se interesa en la peculiaridad de ciertos fenómenos contemporáneos, así como en el estudio de lo genuino en el arte.
Nota preliminar
Introducción, Christopher Lasch
Introducción de la autora
A modo de conclusión
Apéndice
Bibliografía
