Paul Federn formó parte del pequeño grupo inicial que se reunió en torno de Freud a partir de 1902, en la célebre «Sociedad de los miércoles», que unos años después se convertiría en la Sociedad Psicoanalítica de Viena; y fue uno de los pocos miembros fundadores que permaneció en ella hasta 1938, cuando los nazis la disolvieron. Al emigrar, a él le confió Freud los originales de las actas de esa Sociedad, luego editadas por su hijo Ernst Federn y por H. Nunberg. Por muchos motivos, puede considerárselo el discípulo más cercano de Freud y su más fiel colaborador.
Durante muchos años, los hallazgos de este descollante estudioso no despertaron en los psicoanalistas el aprecio que merecían. Como antaño el creador del psicoanálisis, también él vivió una época de «espléndido aislamiento». Sin embargo, poco a poco sus notables conceptos comenzaron a ser asimilados por un número cada vez mayor de colegas.
La enorme admiración que Federn sentía por Freud no le impidió seguir su propio camino en la investigación, poniendo de relieve una gran originalidad intelectual. Pese a ello, siempre juzgó que sus descubrimientos eran una mera confirmación de los de Freud. Sólo con titubeos, y en raras ocasiones, admitió que había algunas discrepancias entre su teoría sobre la estructura dinámica del yo y la de Freud.
La creatividad de Federn se manifiesta en dos momentos de su vida, que guardan estrecha relación con la historia del vínculo con su maestro. El primero (período 1926-1935), cuando alentado por la confianza que Freud le dispensa al nombrarlo vicepresidente de la Sociedad de Viena, amplía y da coherencia a las modificaciones que aquel había introducido en su teoría entre 1914 y 1925. En este período publica sus trabajos acerca del «sentimiento del yo» y sus variaciones en el sueño y la vigilia, así como los que dedica al narcisismo. El segundo momento es consecuente a su exilio en Nueva York y a la muerte de Freud. Dirige entonces su interés al psicoanálisis de las psicosis, tema sobre el cual —nos dice Didier Anzieu en un prólogo especial para esta recopilación— «Freud había echado una suerte de interdicción de pensar». A este tema consagra Federn sus artículos de 1943 a 1949, en los que probó la posibilidad de establecer en las psicosis una intensa trasferencia y mostró los medios prácticos de conseguirlo.
Dotado de una excepcional capacidad de introspección, y apoyado en relatos precisos de personas sanas y enfermas, Federn discernió que el yo es una vivencia psíquica continua y efectiva, no una mera abstracción mental. A esto lo denominó «sentimiento del yo», el cual sufre durante la vigilia cambios de intensidad y cualidad; postuló la existencia de una investidura yoica específica, pasando de la mera descripción del yo a su teoría. La discriminación entre los datos que se sienten pertenecer al yo y al no-yo corresponden a un «sentido de realidad»: las alucinaciones de los psicóticos, así como los sueños de las personas sanas, son producciones psíquicas sentidas como realidades externas con independencia de todo «examen de realidad».
Amén de sus notables aportes teóricos, los conceptos de Federn sobre la psicología del yo son un indispensable caudal de conocimientos para comprender fenómenos como la despersonalización y el extrañamiento, y para adoptar actitudes adecuadas en el tratamiento de las neurosis y las psicosis.
íNDICE
Indice general
Reconocimientos, Edoardo Weiss Actualidad de Federn, Didier Anzieu Introducción, Edoardo Weiss
Parte I. Sobre la psicología del yo
Algunas variaciones en el sentimiento del yo
El narcisismo en la estructura del yo
El sentimiento del yo en los sueños
El despertar del yo en los sueños
Un sueño bajo los efectos de una anestesia general
Parte II. Sobre el tratamiento de la psicosis
Psicoanálisis de las psicosis
Principios psicoterapéuticos en la esquizofrenia latente
Higiene mental del yo en la esquizofrenia
Certidumbre paranoide
La esquizofrenia y la psicología del yo
El yo en la esquizofrenia
Despersonalización
La respuesta del yo frente al dolor
Psicosis maníaco-depresiva
Parte III. Narcisismo
El yo como sujeto y objeto en el narcisismo
Sobre la distinción entre el narcisismo sano y el patológico
Bibliografía de Paul Federn
Actualidad de Federn*
Didier Anzieu
Todo descubrimiento psicoanalítico importante es el producto de un trabajo del psicoanalista sobre sí mismo. Luego, o simultáneamente, en el curso seguido por sus curas verifica si los resultados de su autoanálisis estaban bien fundados: la prueba de realidad consiste en comprobar si las intuiciones que adquirió sobre su propia persona le aportan también una mejor comprensión de algunos de sus pacientes.
Cada psicoanalista tiene uno o dos dominios privilegiados en el ejercicio de su autoanálisis. Para Sigmund Freud era el sueño nocturno, o más bien el relato que hacía para sí durante el día, y por escrito, de sus sueños: primero los reconstruía, para luego desconstruirlos mediante sus asociaciones de ideas. El sueño es la vía regia hacia el conocimiento del inconsciente: así declaró Freud, porque eso era verdad para él. Incumbe a cada psicoanalista encontrar el campo particular desde el cual puede entregarse a un trabajo individual a la vez que efectúa un descubrimiento general.
Paul Federn puso en marcha la cadena de sus descubrimientos cuando se interesó por él mismo en sus estados de transición: ya no los sueños que uno forja dormido, ni las operaciones fallidas que comete despierto, sino las transiciones entre la vigilia y el dormir, entre el dormir y la vigilia, y, dicho con más generalidad, entre los niveles de vigilancia del Yo. ¿Qué imágenes del cuerpo se forman o se deforman entonces en el aparato psíquico? ¿Qué sentimiento de sí experimenta el Yo psíquico? ¿Cómo se distingue del Yo corporal o se confunde con este? La observación de sus propias alucinaciones hipnagógicas en el curso del adormecimiento y el despertar cotidianos, o en ocasión de experiencias excepcionales, como una anestesia preope-
* Trabajo enviado especialmente para la presente edición castellana. [N. del E.]