La soledad domesticada. Jean Michel Quinodoz

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Descripción

La soledad tiene dos rostros: puede ser una mortal consejera, pero, cuando se la domestica, puede convertirse en una amiga infinitamente preciosa. ¿Es posible domesticar la soledad? ¿Se logra volverla un auténtico medio de comunicación con uno mismo y con otro? Esto se consigue a través de lo que en psicoanálisis se denomina la elaboración de las angustias de separación y de pérdida de objeto; ella marca el desarrollo psicológico de cada individuo y, de una manera análoga, el desenvolvimiento de la relación psicoanalítica.

Quinodoz dedica su libro al tema de la angustia de separación. Lo hace como psicoanalista, para referir su experiencia vivida frente a un registro de sentimientos a los que la relación analítica puede aportar un sentido, aunque además se dirige a todas las personas a quienes la angustia ante la soledad y el duelo interroga, a fin de dar a conocer lo que puede aportar la experiencia de la cura. Encontramos una vasta bibliografía sobre la angustia de separación, que empieza con Freud, pero es muy poco lo escrito sobre el papel decisivo que desempeñan la angustia de separación y las defensas frente a esta en el trascurso del proceso psicoanalítico. Quinodoz muestra de manera convincente, por medio de un material clínico detallado, la variedad de las formas y de los contenidos de la angustia de separación, así como el trabajo que se debe realizar sobre las defensas para revelarlas y hacer posible que el paciente las elabore.

Examina las principales teorías psicoanalíticas existentes sobre la angustia de separación, empezando por Freud, acerca de cuyos puntos de vista arroja una luz original, e incluyendo a Klein, Segal (que ha escrito un «Prefacio» para este libro), Rosenfeld, Bion, Meltzer, Fairbairn, Winnicott, Anna Freud y Spitz, Mahler, Kohut y Bowlby, entre otros autores.

Quinodoz estudia la terminación del psicoanálisis e introduce un concepto original, el de «auto-sustentación». Una buena resolución de la angustia de separación culmina para el paciente en la adquisición de la «auto-sustentación», combinación de una base sólida en el mundo interno con una capacidad de cobrar vuelo propio. Describe la constelación de las relaciones de objetos internos que proporciona al individuo una «auto-sustentación». Muestra cómo, en el curso de la experiencia psicoanalítica, la experiencia de la soledad puede ser vivida y transformarse, y cómo se desarrolla el paso desde un sentimiento a veces hostil y desesperante de soledad hacia una soledad domesticada, base de la confianza en la comunicación consigo mismo y con otro.

La conveniencia de interpretar la angustia de separación está dada por el hecho de que ello permite restablecer la comunicación verbal entre analizando y analista, y revelar aspectos latentes de la transferencia. La interpretación de la angustia de separación se sitúa en el corazón mismo del desenvolvimiento del proceso psicoanalítico. Quinodoz indica haberse visto bastante influido por el pensamiento de Klein y de sus sucesores, tanto en lo que concierne a la manera de utilizar la transferencia como una situación total, cuanto en lo que toca a una concepción del proceso psicoanalítico en que la elaboración de las angustias de separación desempeña, justamente, un papel central.

La soledad —concluye Quinodoz— no es renuncia a la relación con los otros. Permite, por el contrario, que cada uno se defina, y la confrontación con la originalidad del otro pone de relieve el carácter precioso e irreemplazable de lo que constituye el aporte singular de cada uno. El carácter precioso del objeto y del sujeto proviene de que cada uno es único, nace de su soledad.