Vejez y pulsión de muerte. Peruchon Marion

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Descripción

Lo áspero de la clínica de ancianos perturbados se refleja con dramatismo en los capítulos que las autoras le dedican. Porque es difícil encontrar al viejo común en la práctica institucional, que obliga a tratar a sujetos afectados por patologías severas. Pero ellas tuvieron la feliz idea, para no verse reducidas a esa sola categoría, de buscar testimonios literarios de creadores que, en trance de envejecer, se observaron a sí mismos y comunicaron sus reflexiones. Así las patologías de la vejez se iluminan desde el otro extremo: la indagación de la vejez lograda. Es la marcha del libro: el estudio de la vejez de grandes hombres permite elaborar concepciones teóricas acerca de procesos psíquicos que se descubren en individuos que mantuvieron autonomía en sus investiduras. Y en un segundo tiempo, ya en el terreno de la clínica, las autoras extienden y afinan sus construcciones teóricas. La interrogación analiza, entonces, desde las reorganizaciones autónomas de la economía libidinal mejor logradas hasta las deficiencias más severas de la intricación pulsional, algunas de las cuales se pueden neutralizar por medio de una adecuada ayuda psicoterapéutica.

El libro intenta la comprensión psicoanalítica de fenómenos específicos de la vejez, y se elabora con el auxilio de la última teoría de las pulsiones de Freud. La omnipresencia de la muerte, consumación del designio destructor de Tánatos, es el rasgo característico de la vejez; muerte biológica, pero también muerte psíquica que a veces la precede y siempre la precipita, y muerte fantasmática que protege en ocasiones a Eros para ayudar a aceptar el inevitable retorno a la Tierra Madre, cuando la «diosa de la muerte» se confunde con la relación arcaica del amor primario a que suele apelar el anciano para defenderse de angustias catastróficas. Ninguna otra etapa de la vida se ve más interesada por la muerte como ruptura última de todos los vínculos, deterioro del cuerpo, ex-tinción de toda excitación, o sea que ninguna se ve más alcanzada por Tánatos, fuerza de desligazón, destrucción, reducción de las tensiones a cero. Pero el movimiento regresivo y desintegrador de la pulsión de muerte no se puede considerar en forma aislada porque es indisociable de su antagonista, impulsado por Eros: el movimiento progresivo e integrador.

 

 

La vejez de Hugo, Goethe, Freud, Mauriac, Andreas-Salomé, testimonia sobre los medios de que dispone el ser humano para seguir apasionándose en la ancianidad y evitar la invasión de la angustia causada por el estancamiento libidinal o la caída en la depresión. La conservación del capital libidinal necesario para una pasión semejante debe pasar a veces por un desplazamiento parcial de la libido del polo sexual al de autoconservación, pero también es realizable cuando resulta posible sostener un movimiento progresivo hacia un objeto bueno interiorizado, investido bi-pulsionalmente y que imprima a la libido un movimiento constructivo e integrador. Las aptitudes de animación pulsional de este objeto bueno tienen que ser preservadas por intercambios con objetos externos aptos para mantener el contacto con la realidad y sustentar una circulación energética sin ser fuente de traumatismos desorganizadores.

 

 

Los modos de vejez consisten en las combinaciones posibles entre Eros y Tánatos. La vejez aparece cuando la desunión pulsional prevalece sobre la colaboración entre las dos pulsiones; esta desunión conduce a la patología cuando se hace imposible una rearticulación progrediente duradera entre aquellas, o se abandona el principio de reality.

Indice general

Introducción

Importancia de la pulsión de muerte en la teoría freudiana

Algunos aportes conceptuales contemporáneos sobre la pulsión de muerte

Primera parte. Conservación autónoma de las investiduras

  1. La serenidad: punto de equilibrio precario entre pasión y depresión

    Principal escollo de la edad provecta: la depresión de desinvestidura

    Tres grandes hombres que evitaron el naufragio depresivo

    Victor Hugo

    Goethe

    Freud

    Interés de las investiduras apasionadas para la preservación de la vida

  2. Trabajo de duelo y trabajo de la muerte en algunos retratos

    El culto de la vida en Lou Andreas-Salomé hasta sus últimos años

    François Mauriac o un ejemplar «trabajo de duelo del yo»

    De la captación del objeto externo al «diálogo» interior del místico en el final de la vida

    Segunda parte. Clínica de la vejez o vicisitudes de la desinvestidura

    1. Religazón y aportes terapéuticos

      Un caso especialmente severo de depresión por desinvestidura

      Un profundo corte cuerpo/psique

      El aporte de la relajación

      El psicodrama, psicoterapia apropiada para los trastornos específicos de la edad provecta

    2. Ligazón delirógena tardía

      Pulsión de muerte, proyección e incorporación

      Ideas delirantes de perjuicio

      Paranoia tardía

      Hipocondría delirante de involución: entre paranoia y melancolía

      Entre sueño y delirio

      Pulsión de vida y proyección

      Ideas delirantes de filiación y longevidad

      Compañero tardío y falsos reconocimientos

      Relación erotomaníaca tardía

    3. Desintricación pulsional mayor

      Demencia: la pulsión de muerte al servicio de la supervivencia

      Melancolía de involución

      El suicidio del anciano: algunos jalones

    Conclusión

    Bibliografía

Introducción

(...) A los asesinos se los puede comprender fácilmente. Pero esto: tener la muerte dentro de sí, la muerte en su totalidad, e incluso antes de la vida contenerla tan dulcemente, ¡y no ser malo por ello!... ¡Oh, es inexpresable!

Rainer Maria Rilke, Cuarta elegía de Duino

La vejez, como se sabe, no es una sola, las maneras de envejecer son tantas como diferentes personalidades hay. Las figuras de la vejez que proponemos al lector en esta obra serán, pues, sumamente heterogéneas; lejos de formar un cuadro exhaustivo, nos servirán de referentes para una contribución a la comprensión psicoanalítica de ciertos fenómenos psíquicos específicos de la vejez, contribución fundamentalmente apoyada en la última teoría pulsional de Freud, lo que no es garantía de comodidad, dadas las controversias, siempre actuales, a que la pulsión de muerte da lugar.

La omnipresencia de la muerte, punto de consumación del designio destructor de Tánatos, es el rasgo característico de la vejez; muerte biológica con retorno a la nada, pero también muerte psíquica que a veces la precede y siempre la precipita, e igualmente muerte fantasmática que protege en ocasiones a Eros para ayudar a aceptar el ineluctable retorno a la Tierra madre, cuando la «diosa de la muerte» se confunde con la relación arcaica del amor primario a que suele apelar el anciano para defenderse de angustias catastróficas. Ninguna otra etapa de la vida se ve más interesada por la muerte en tanto ruptura última de todos los vínculos, deterioro del cuer-