La interpretación es un problema que casi desde los orígenes preocupa seriamente a los analistas, permeables al hecho de que el psicoanálisis, extraordinario medio para captar en lo más profundo el sentido oculto de los fenómenos humanos, con excesiva frecuencia se muestra menos poderoso cuando se trata de reducir sus aspectos negativos así como el sufrimiento que los acompaña. Se ha intentado explicar ese fracaso con las nociones de resistencia del ello, reacción terapéutica negativa o compulsión de repetición. Pero esto equivalía en buena parte a responsabilizar al paciente por tales reveses, cuando en primerísimo lugar convenía que el analista se interrogara por la compatibilidad de su «manera» con lo que sus analizantes procuraban trasmitirle mientras esperaban su palabra liberadora. Aunque interminable, esta tarea debe ser proseguida sin tregua. He ahí el proyecto de Michel de M'Uzan, que dedica casi todos los ensayos reunidos en este volumen a las condiciones de eficacia de la interpretación. Ha puesto el acento no tanto en el aspecto hermenéutico, en el poder de la revelación del sentido latente, como en las condiciones metapsicológicas que debe satisfacer la formulación de lo entendido. La orientación técnica, a juicio del autor, depende vastamente de la capacidad del analista para acceder a «fenómenos paradójicos» e «identitarios», nociones originales que de M'Uzan define. Esto significa que la condición previa de las interpretaciones denominadas «mutativas» procede de una alteración, tanto económica como tópica, del funcionamiento psíquico del analista así como del analizante. El analista deja de ser entonces el personaje neutro e impávido que a veces se quiere ver en él, puesto que en lo más oscuro de su interior participa cabalmente en una aventura, tampoco para él exenta de riesgos. Se explica así que el autor dedique uno de los textos a lo que acontece en la mente del analista mientras escucha y entiende, desde su sillón, no siempre sabiéndolo, lo que su paciente le dice. En ciertos momentos clave, el compromiso del analista se hace tan profundo que la imbricación de inconcientes lo conduce a dar nacimiento, junto con su analizado, a un ser nuevo que de M’Uzan llama la quimera —una de las nociones introducidas en esta obra—, de donde provienen ciertas interpretaciones.
El esfuerzo de teorización encuentra en este libro constantemente sus raíces en una experiencia clínica. De ahí entonces que en los textos hallen un lugar sustancial y determinante las remisiones a secuencias de curas, a momentos fecundos sobrevenidos durante tal o cual sesión. Pero, así planteados los trabajos, se impusieron de manera inevitable elaboraciones esencialmente teóricas. El autor coteja las interpretaciones freudianas y kleinianas para comprobar que las primeras proceden de una verdadera estrategia mientras que las segundas responden ante todo a un proyecto táctico. Y en vista del papel cumplido por la memoria en la actividad interpretativa del analista, el autor juzga que puede tender un puente entre las concepciones freudianas y las que se exponen en trabajos modernos sobre neurofisiología de la memoria hasta elaborar la noción de un darwinismo interpretativo, toda vez que la interpretación se conduce como un ser vivo dotado hasta de identidad sexual. De ahí que la interpretación escape en parte a quien la enuncia.
Experiencia límite la de la muerte, punto tope o de referencia. El autor ha situado a la cabeza y al final del presente volumen dos ensayos en los que todo revela organizarse alrededor de esta problemática.
Prefacio
Primera parte
Ultimas palabras
La boca del inconciente
Durante la sesión
Consideraciones sobre el funcionamiento mental del analista
Interpretar ¿para quién, por qué?
La persona de mí misma
Estrategia y táctica en relación con las interpretaciones freudianas y kleinianas
De la perturbación al cambio
Segunda parte
Miseria del ideal del yo
Trayectoria de la mentira
El exterminio de las ratas
Tercera parte
Los esclavos de la cantidad Interpretación y memoria
El índice de certeza
Referencias de publicación
La totalidad de los textos que integran la presente obra se escribió después de que se publicó una primera compilación con el título de De l'art à la mort,¹ y constituye su prolongación natural. Esta continuidad se expresa particularmente en las nuevas implicaciones de nociones entonces dilucidadas. Dos de ellas, sobre todo, intervienen hoy de manera determinante: el sistema paradójico y el espectro de identidad. El sistema paradójico —lo recuerdo— define una entidad, un nivel de pensamientos extraños, no secundarizados, que surgen imprevistamente en la mente del analista en ciertos momentos de la sesión. El espectro de identidad permite otorgar un estatuto integrado a la fluctuación del sentimiento de identidad que, en las mismas condiciones, puede afectar tanto al analista como al analizante; y ello bajo la forma, por ejemplo, de fenómenos de despersonalización. En la sucesión de las curas, pensamientos paradójicos y fluctuación del sentimiento de identidad, que son interactivos, demostraron ser auténticos instrumentos de comprensión de las manifestaciones del analizante, ya que ofrecen un original acceso a los procesos psíquicos inconcientes que acaecen en su espíritu. Con todo, no se reducen a posibilitar una comprensión más amplia y profunda del paciente puesto que, al integrar una perspectiva narcisista, intervienen en la formulación misma de la interpretación. La interpretación es un problema que casi desde los orígenes preocupa seriamente a los analistas, permeables al hecho de que el psicoanálisis, extraordinario medio para captar en lo más profundo el sentido oculto de los fenómenos humanos, con excesiva frecuencia se